PUZZLES

El otro día escuché que no hay nada como el primer amor, o el último. Y fuiste lo primero que pensé.

Apareciste otra vez y sé que volverás a hacerlo.

Coño, que aun sigo mirando a tu portal cuando cruzo la calle, que sólo de imaginarme en tus ojos se me entrecorta la respiración.

Que nunca te dije nada, aunque lo sentí todo. Y tú que lo decías todo, en realidad no sentías nada.

Parece que empecé a conocerte hace una eternidad, pero perdí una pieza del puzzle por el camino y ahora no puedo terminarlo. Y el problema es que si no termino, no desapareces.

O no. Quizás el problema es que no perdí una pieza, me perdí yo. En tu mente. En tus palabras. En tus cambios. En ti.

Y pasa el tiempo y todas las otras piezas cambian, mejoran. Me siento mejor. Pero sin ti.

Por eso cuando escuché hablar de amor, pensé en ti, como siempre. Porque aun siendo el mayor capullo de la tierra, nunca podré evitarlo. Caería en tu locura y compartiría todas mis piezas, aunque las rompieras.

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