PUZZLES

El otro día escuché que no hay nada como el primer amor, o el último. Y fuiste lo primero que pensé.

Apareciste otra vez y sé que volverás a hacerlo.

Coño, que aun sigo mirando a tu portal cuando cruzo la calle, que sólo de imaginarme en tus ojos se me entrecorta la respiración.

Que nunca te dije nada, aunque lo sentí todo. Y tú que lo decías todo, en realidad no sentías nada.

Parece que empecé a conocerte hace una eternidad, pero perdí una pieza del puzzle por el camino y ahora no puedo terminarlo. Y el problema es que si no termino, no desapareces.

O no. Quizás el problema es que no perdí una pieza, me perdí yo. En tu mente. En tus palabras. En tus cambios. En ti.

Y pasa el tiempo y todas las otras piezas cambian, mejoran. Me siento mejor. Pero sin ti.

Por eso cuando escuché hablar de amor, pensé en ti, como siempre. Porque aun siendo el mayor capullo de la tierra, nunca podré evitarlo. Caería en tu locura y compartiría todas mis piezas, aunque las rompieras.

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INACABADO

Derrochamos los placeres de la palabra y del deseo.

Creemos exprimir al máximo el momento y, en realidad, lo único que hacemos es gastarlo. Como con el dinero, no pensamos, no nos paramos a sentir.

A lo mejor vivimos en una sociedad que no nos enseñó a amar.

ME DUELE

Me duele el corazón. Literalmente. No la idea, ni el dibujo de un corazón roto en pedazos.

Duele, sufre por ese algo llamado amor.

Y cada acorde de guitarra de nuestra canción me pellizca el corazón, a las arterias. A mi propia respiración.

Y me ahogo como quien se encuentra bajo el agua atrapado sin aire, pero sin ti.

SIGUES AHÍ

Siempre estarás aquí.

Y nunca serás consciente de eso.

Que eres ese punto del que mejor alejarse,

y esa estrella que te atrae sin razón.

Parece que ni me libro de ti,

aunque nuestra historia no tenga ni media página.

Y sigues ahí, demasiado tiempo ya.

Tanto que acepté que en el momento que aparezcas lo dejaré todo.

Tanto que acepté que no podré controlarlo.

Tanto que me dolerás a cada respiración.