DIJISTE

Hasta podría decir que apareciste a mi vida antes de que empezara a sentir. Que activaste todos los botones en mi interior. Que provocaste que mis lágrimas se derramaran una vez por día, cuando te pensaba.

Podría decir tantas cosas, que al final sólo me quedo con el “te extraño” y el “no te quiero ver más”.

DIJISTE QUE NO OLVIDABAS

Dijiste que no olvidabas.

Fueron tantas cosas bonitas las que describiste que nunca me las acabé de creer, siempre te taché de mentiroso. Porque transformabas la más pequeña gota de agua en el mayor de los océanos.

Dijiste que no olvidabas y contigo pasé de ser polvo a ser alegría. Pero sin ti, no volví a ser polvo otra vez, pasé a ser la nada, el vacío absoluto.

Dijiste que no olvidabas pero yo tenía razón, olvidaste. Yo fui, simplemente, una gota de agua en la nada y tú un mentiroso al que jamás acabé de creer.

SEXO

Sexo. Esa palabra tabú, ese sentimiento, ese hecho, ese miedo. Sólo hay una palabra que pueda contener más sentimientos, el amor. Pero el amor ya son aguas mayores. El sexo dice ser controvertido, secreto o mínimamente indiscreto, miedoso. Pero, al fin y al cabo, es algo natural, ese placer y esa necesidad nos nacen a todos de nuestro interior. Porque no nos engañemos ni nos dejemos engañar aquí todos somos iguales.

TIEMPO

Hay gente que dice que en un segundo puede cambiarnos la vida entera, que un instante o un si o un no pueden transformar lo inesperado.

Muchos creemos eso. Y otros muchos lo desean.

Pero aún así, aún queriendo arriesgar, apostarlo todo a un momento, a una posibilidad… preferimos regalar tiempo.

Sí, regalamos y rogamos tiempo. Prometemos amar toda una vida o hasta que la muerte nos separe. Nos acomodamos y sabemos que esa persona estará allí, para ti.

Pero yo no quiero tiempo. Quiero intensidad. No quiero que me ames para siempre. Y es que… yo no te lo puedo prometer. Porque no sé cuanto tiempo voy a amarte y, sinceramente, prefiero no saberlo. Prefiero que sea un misterio y que la vida nos sorprenda. En cambio, yo puedo prometerte que aunque lo haga sólo dos días, te amaré con locura. Que aunque la mitad del tiempo discutamos, lo que siento por ti será lo más intenso que he podido experimentar en la vida. Que aunque luego sufras por nuestro desencuentro, los instantes de felicidad te sacaran sonrisas.

Que aunque no vuelva a ver tus ojos,  te recordaré en cada amago de emoción, en cada esquina de mis sentimientos.

Porque el tiempo son promesas al aire. Y el amor se merece un presente, un ahora.

NO ME PREGUNTES

Pero si me preguntas cómo estoy sin ti, te diré que genial.

Pero eso no significa que no te busque en cada esquina que paseamos, que no te encuentre en los rincones de mis pensamientos, que no aparezcas en mis sueños sin avisar. No significa que no te echo de menos.

Significa que lloro una vez al día, en vez de dos. Significa que te pienso tres cuartos. Significa que el dolor ya se ha hecho parte de mí.

Significa que puedo engañarme, mirarte a los ojos y, apenas, sobrellevar la situación sin que se note que me duele todo. Porque ya no sólo me duele el corazón, duelo. El dolor se convirtió en mí.

EL MONSTRUO

Conseguí olvidar al monstruo hasta que dijiste su nombre. Y ese día volvió destruyendo sueños. Recuperando recuerdos. Ahogándome en dolor.

Y lo llamé inseguridad, miedo. Lo llamé temor.

Ese monstruo se acercaba a mi oreja y me susurraba palabras llenas de desconfianza, de sufrimiento. Palabras llenas de mentiras ya dichas. Palabras que retumbaban aun el paso del tiempo.

Quise apartarlo, ahogarlo en su soledad. Pero allí recordé mi camino, por qué he llegado así.

Recordé los insultos, las miradas, las risas. Recordé mi silencio y aceptación. Entendí que era lo normal, que todo era verdad. Pero entendí mal.

Y tras tantas patadas seguí mi camino sola, evitando ser tocada, evitando otro golpe. Porque al final fui el daño colateral, fui el daño que nadie recuerda, que a nadie le importó.

PASADOS

Esos momentos en los que frenas y observas todos tus recuerdos, como si fueran películas antiguas, desgastadas.

Te das cuenta de cómo ha cambiado todo, ni tú ni tu alrededor es el mismo, pero mantiene esa esencia. Los de siempre siguen ahí y, los nuevos, bienvenidos.

Pienso en la suerte que tengo de estar donde estoy, con quien estoy y porque estoy. Pero nunca creí en la suerte, así que de suerte nada. A veces tenemos que darnos la enhorabuena, pero no por ganar o perder, sino por vivir y seguir lo que te mueve, lo que te hace sentir. Tenemos que felicitarnos por dar nuestro máximo ante los retos que aparecen con el tiempo. Tenemos que sentirnos bien por luchar contra barreras indestructibles, por derribarlas.

Han pasado años y recuerdos y no los cambiaría por nada del mundo. Pero me gusta verme donde estoy y sentirme como me siento, viva.