NADIE ENTIENDE

Nadie entiende a los hombres, y ni hablemos de las mujeres. Y mejor no preguntes por mi, ni yo me entiendo.

Pero en cambio te puedo hablar de la ceguera emocional y como, mi pobre razón mezclada con un pellizco de sentimientos, la entiende. Enfermedad cronificada en mí, mientras tú sigas aquí, o al menos en mis pensamientos. Se trata de dejar de creer en el amor perfecto y sin curvas, se trata de creer en las arrugas y cicatrices que me deja quien me creo los sentimientos y la pasión. Se trata de creer en una esperanza desesperada y sin cordura. En mi cabezonería de no querer sacarte de mis sábanas y mis peleas entre colchones. Se trata de mi adicción a ti. Que escribo palabras al orgulloso que no quiso ser valiente.
Y esta ceguera hasta me ensordece, me hace inmune al tacto y a las palabras de otros, porque nunca serán tus palabras. Y deseo más tu ruidoso silencio que el mayor de los alagos sinfónicos. Que contigo no estoy, pero sin ti ni soy.
Que somos criaturas emocionales esperando la escena final del principio que jamás fue escrito.

LOS ANGELES

Viajes que alteran, que encadenan casualidades como el haberte conocido a ti, Los Angeles.

Había visto el tiempo pasar. Ahora veo posibles futuros con síndromes de improvisación y caos. Necesitaré ver las palmeras y los atardeceres, pero al menos imaginaré tu aire pasando por mi cuello y haciéndome sonreír.
Había escuchado al tren acercarse, llegar y marchar. Pero mis pies vivían ajenos a mi cuerpo, esperando el momento adecuado para salir corriendo, esperando escuchar el disparo final que encendiese la llama que aspiraba a soplar. Ahora escucho pasos que dibujan lineas paralelas a la máquina de vapor, mis pasos, mis pies. Ahora no necesito coger el tren, la oportunidad. Ahora he entendido que yo soy mi oportunidad si escucho esa habitación con ecos interminables llamada mi mente. Ahora escucharé la música que me acompañe a vivir.
Había olfateado rosas y flores diversas, todas preciosas entre ellas, todas dulces y saladas. Ahora olfateo el peor de los cactus, el más doloroso. Y aprecio el olor a la nada y el vacío, al dolor y al esfuerzo. Y al todo y a lo pleno, a la gota de sudor que baja felizmente por mi mejilla rojiza. Ahora aprecio al viento que transporta vida, más que al rosal que aparenta serenidad y sus espinas lo llaman loco.
Había tocado el límite del cielo e intentado acariciar el horizonte, pero en realidad no eran más que líneas creadas para excusar mis propias barreras ficticias. Ahora no toco, ni quiero tocar. Porque tocar significa llegar a un punto, a un fin. Y yo no quiero fines, quiero caminos.
Había saboreado la espera y la paciencia. Las dulces palabras amargas y la sal del río. No todo el mundo piensa igual, ni le gusta lo mismo, así que ese no era mi sabor, no era yo. Ahora saboreo el infinito al que intentaré acercarme y las gotas del esfuerzo.
Intenté sentir. Creí sentir. Pensé sentir. Aparenté sentir. Pero, al fin y al cabo, no sentía.
Ahora, en cambio, siento.

INSTRUCCIONES PARA VIVIR

Hace poco descubrí el simbolismo del agua y el color azul. El agua nos hace la vida posible y, a la vez, dolorosa. Nos salva, nos permite ser felices. Nos llena de vida, pero nos hace saber que todo es temporal, finito.

Yo creo que somos como el agua. Somos quien, al final, decidimos que vida tener. Podemos elegir entre lo bueno o lo malo, entre ser valiente o cobarde, entre arriesgarlo todo o nada. Elegimos mientras fluimos en una sociedad aliena a tu persona, a tu individualidad. Así que te propongo algo… vive.

INSTRUCCIONES PARA VIVIR (para ser agua)

Primero de todo, la composición. El agua se encuentra en todas partes del mundo, pero no toda es igual. Si no, ¿para qué tantos tipos, tantas marcas? No todas saben igual. Por lo tanto, no seas como los demás, la diferencia es lo que te hará único. Ser tú mismo, te hará más libre, más feliz. Las personas estamos compuestas de valores, principios, gustos, experiencias, sueños y dudas, y así nos convertimos en lo más importante, en nosotros.

El segundo paso es crucial. El agua es necesaria para los seres humanos. Un agua intoxicada destruye todo a su alrededor e intoxica a cada gota que con el tiempo cae del cielo. Así que, elimina todo lo que te hiera, todo lo que te haga mal sin ser necesario. No vivas en un ambiente tóxico, no vivas para ser tóxico. Dale una patada a todos los pensamientos negativos. Aprende de lo peor que te ha pasado, para ser alguien mejor.

A continuación, busca el recipiente adecuado. No es lo mismo una botella de plástico, que un vaso, una lata o una piscina. Y no es lo mismo un arquitecto, que un médico o un cocinero. Es decir, nosotros tampoco somos iguales. De manera que, encuentra tu pasión, eso con lo que disfrutes, eso que te llene, que te haga sentir. Una vida sin pasión, no es vida. Tu pasión, será tu botella por donde te deslices con el paso del tiempo.

Pero es necesario ser consciente de que cuando introduzcas el agua en el recipiente caerán gotas, porque la vida es dura y habrá errores, caídas, fallos y dolor, pero hay que poder seguir adelante. Cuanto más tiembles, cuanto más miedo tengas, más agua caerá, así que esfuérzate y motívate día a día, para ser capaz de seguir adelante con tu pasión. Pero, por suerte, siempre podremos usar un embudo que te ayude, igual que esas manos que están allí en los momentos más difíciles para ser tu apoyo incondicional.

Y nunca olvides que una botella puede acabar agujereada. Así que asienta las bases de tu pasión, construye las paredes sobre las que podrás vivir tu sueño. No empieces por el tejado.

Para ir finalizando, recuerda que el agua es algo esencial y maravilloso, así que consérvalo. No seamos estúpidos, no dejemos de cuidarnos a nosotros mismos, no dejemos de respetarnos. Por lo tanto, confía en ti mismo, déjalo ser y algún día todo llegará. No hay prisa, esa pasión, esa magia que hay en ti no desaparecerá, simplemente estará allí esperando y preparada para salir.

Pero, sobretodo, saborea cada gota. Disfruta del momento, porque ya no existe. Cada segundo que pasa, es un instante fugaz. VIVE TU VIDA, PORQUE NO HAY OTRA.

NO TE ACOSTUMBRES A MÍ

No te acostumbres a mí. Yo simplemente te advierto. Porque no voy a ser lo mejor que pase por tu vida, ni lo más amable, ni lo más bonito…

No te acostumbres a mis rarezas porque acabarás odiándolas. No te acostumbres a mis ojos porque te parecerán vacíos. No te acostumbres a mi cuerpo porque ni a mí me agrada. No te acostumbres a mis palabras porque ni yo las entiendo.

Y es que el acostumbrarte a mí nos llevará al olvido y dejaremos de ser un posible infinito. Sólo recordarás mi nombre y quizás mi olor, pero olvidarás que sentimos porque te olvidarás de mi rostro, de mí. Como quien olvida cuando llovió por última vez, que olvida porque ni siquiera le importa saber o recordar.

Exacto, no te acostumbres a mí, porque ni siquiera te importará. Ni siquiera te importaré.

DETALLES

A veces, la vida también puede ser algo maravilloso, imprevisible y genial. Todo depende de nosotros. Todo depende de nuestros ojos y del cómo miremos hacia al exterior y a nosotros mismos.

Porque son esos pequeños detalles los que nos hacen especiales. Son los que nos hacen disfrutar.

Pero hay una norma que cumplir, algo muy sencillo pero que muy pocas personas son lo suficiente valientes como para llevarlo a cabo. Sólo debemos hacer lo que nosotros queramos. Así de fácil. Si haces lo que quieres, podrás disfrutar de la vida.

Tan sencillo como ponerte a bailar por la calle, como aislarte durante todas esas horas en el metro de Barcelona con la música a todo volumen o con ese libro que te hace sonreír, como teñirte el pelo de azul porque sí.

La vida será fantástica sólo si miramos hacia ella con una sonrisa, mientras tanto los minutos seguirán pasando y nosotros seguiremos sentados, tristes y deprimidos.

DESCRIBIENDO…

¿Si tuviera que compararnos con algo? No diría con un equipo, ni con una familia (aunque me encante la idea). Pero somos más que eso.
Yo nos compararía con una orquesta de música.
Cada músico es esencial para el conjunto. Sólo la falta de uno desequilibraría todo a su alrededor. La música ya no sería como antes, ya no fluiría. Cada uno tiene ese “algo” del que siempre se habla y se busca en el baile. Y aquí lo tenemos, se encuentra en cada sentadilla, en cada “otra vez”, en cada gota de sudor (camisetas enteras para otros), en cada “Vinga, Rookies!”, en cada SONRISA. Ese “algo” es nuestra actitud, nuestra disciplina, nuestras ganas de BAILAR PARA DISFRUTAR. No hay más.
Pero se necesita de un buen director para que una orquesta, realmente, cree música. Siempre digo que un director debe marcar el ritmo, el pulso y, a la vez, dar espacio a la creatividad, al sentimiento. Nuestro director nos hace sentir cada movimiento como si fuera único y es que… aunque los músicos creen la música, no hay música sin director, ni Rookies sin Chris Solé.
¿Sabéis que cuando un músico entra en una orquesta de élite se le juzga dándole mayor importancia a la capacidad de trabajar en equipo, de adaptarse? Al final, en la orquesta tocaran personas que desean hacerlo, porque, simplemente, son como quieren ser. Luchan por lo que quieren. Se esfuerzan al máximo. Dan las 24 horas del día si hace falta. Son graciosos a veces. Y otras, más serios. Comparten. Disfrutan. Sienten. Y nosotros, aparte de todo esto, hacemos dos cosas: BAILAMOS Y SOMOS FELICES EN ESOS MOMENTOS. ¿Qué más podría pedir?
Y ASÍ ES COMO, POBREMENTE, OS DESCRIBO.

FALLIN’ OUT

Odio la categorización de personas. No hay buenos ni malos. Todos somos una mezcla de antónimos. Hasta el más optimista se pasa noches llorando y el más pesimista sonríe.

El problema está en descubrir cómo es uno mismo. Y yo lo tengo muy claro, no lo sé. Soy esa persona que apoya y acompaña a la gente diciendo frases como “tú puedes”, “cree en ti mismo”, “si lo quieres, ve a por ello y será tuyo” o “no hay imposibles”. Y creo en todas estas frases, creo en todas esas personas que se levantan cada día retándose a ellas mismas para, simplemente, ser felices. Pero, también, soy esa persona que no sólo no se aplica el cuento, sino que se machaca cada día y que confunde el realismo con el negativismo.

En mi interior, luchó contra mí misma para ver quién dice la gilipollez más grande, para ver quién me hunde más en la mierda en la que vivo. Y lo peor es que soy consciente de todo esto, sé que lo que pienso de mí misma no llega a ser real pero aun así  mi mente no me deja actuar, no me dejo ser mejor.

Y delante de las personas parece sencillo aparentar esa normalidad, esa sonrisa constante. Pero por dentro estoy rota, en pedazos.

SIENTO

Me siento pequeña, poca cosa.
Siento que tengo que demostrarte algo, que tengo que complacerte siempre. Siento que en todo momento me juzgas y que todo lo tengo que hacer bien. Siento que estoy siempre en un examen y que no tengo ni un minuto para respirar.
Pero eso no es tu culpa, sino mi responsabilidad. Soy yo quien decide pensar así. Soy yo quien no me demuestro a mi misma todo lo que puedo hacer.
Soy yo la insegura.
Y soy yo la que dejará de serlo.

LA GENERACIÓN

Dicen que somos la generación de “usar y tirar”, de la inmediatez, del desechar.

Dicen que somos unos inconscientes que no valoramos lo que tenemos.

Dicen que somos jugadores de la vida, que usamos y exigimos unas reglas que nos saltamos.

I quizás es verdad, quizás decidimos tomar caminos que no fueron buenos, quizás cometemos errores, quizás estamos locos… o quizás, simplemente, somos personas.

Nos obligaron a la inmediatez, porque vivimos en una sociedad que no nos deja parar y respirar. No nos dejan pensar, porque pensar de más no es bueno. Porque si pensáramos de más, haríamos más ruido, cambiaríamos las cosas.

A veces no valoramos lo que tenemos, porque nunca nos preguntaron si lo queríamos, nunca nos preguntaron nada. Porque decidieron por nosotros, porque no se nos da la oportunidad a intentarlo.

Y a veces nos saltamos nuestras propias normas, porque la rutina nos agobia y nos absorbe. Porque estaremos un poco locos, ¿y qué?

Dicen que somos tantas cosas que no se dan cuenta que no somos los culpables de los errores de la sociedad, que quienes nos están dejando el mundo a pedazos son ellos, aunque intenten señalarnos y mirar hacia otro lado.