TIERNO

Dicen que las caricias no hacen daño. Pero mienten. Nada duele más que una caricia o un beso, porque acaba doliendo en el corazón. Acaba hiriendo peor que una bala. La caricia va directa y te rompe en dos, o en tres, o en mil. Acaba destrozando tu interior, eso que ni la peor de las armas puede destrozar, tu alma, tu ser, tu ilusión.

Porque esa suave caricia parece que te da el mundo en cada segundo, se te eriza el pelo y te entra un cosquilleo, pero siendo sincera un día ya no estará. Se irá. Esa caricia ya no te pertenecerá y esas manos tocaran otra piel. Y tu piel será como un desierto, esperando encontrar agua en la soledad absoluta.

Por eso detesto el afecto de amor, por el miedo a que se vaya, a que no haya existido nunca. Porque no hay nada peor que la espera, la espera a que te vayas y yo desaparezca.

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