SENTIRTE SIEMPRE

No dibujé tu nombre en la arena, ni nuestras iniciales en mi agenda.

Tampoco fuiste lo primero en lo que pensaba al despertar, ni lo último.

No te imaginé como el príncipe azul, ni le puse nombre a nuestros hijos.

Sólo caí en la cuenta de que te necesitaba. A ti, a tus manos, a tu cuerpo y a tu voz.

Caí en la cuenta de que sentía, porque no necesitaba pensarte, ni escribirte para sentirte siempre en mí.

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