Creo que dejé de escribir hace siglos, que la inspiración voló a otra cabeza y la motivación disminuyó a números inesperados.

Dejé de escribir, pero no dejé de sentir, reflexionar y pensar. Y cambié, estoy cambiando y cambiaré siempre que pueda.

Aunque adoro coger el ordenador, las “notas” del iPhone o un papel y no dejar de escribir todo aquello que pienso, lo dejé de hacer demasiado. Todo iba tan bien que lo único que iba mal estaba aquí (y el no encontrar trabajo tampoco estaba en su mejor momento…). Soy de las que necesitan escribir cuando las emociones son tristes para hundirme más, desahogarme y poder seguir hacia adelante, y, también, soy de las que piensan que cuando estás bien el tiempo de escribir lo usas para seguir estando bien, disfrutando.

¿Eso significa que estoy mal? Para nada. Estaba equivocada, no necesito estar mal para dejar la huella de mis emociones, necesito tener algo que decir y querer decirlo, y mi procrastinación me ha estaba limitando bastante.

¿Y que tengo que decir? Que estoy cambiando, que estoy fuera de mi zona de confort, que no sé que me espera ni mañana mismo.

Que me he ido vivir a otra ciudad, con las manos vacías pero con ganas de cumplir sueños y contarlo todo.

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Escritores. Músicos. Cantautores. Pintores. Bailarines. Fotógrafos. Cineastas.

Dicen que los artistas crean a partir de la tristeza, el dolor, la rabia, … pero poco desde la alegría i la felicidad. Que cuando uno está bien no habla de ello, sino baja al bar y comparte cervezas con sus amigos. Y quizás haya un tanto por ciento de verdad en estas lineas, por algo será que llevo meses sin apenas sentarme a escribir, sin crear nada más allá de lo que imagino en mi mente y ahí queda.

A lo mejor, hoy toca cambiar un poco. Evolucionar, probar, descubrir. Reinventar y dejar los “quiero hacer…” por “hago o haré”.

Por eso, hoy decido cambiarlo y escribirlo, que quede constancia del principio. que quede constancia de mi locura más cuerda o mi cordura más loca y desataca. Perseguir un futuro totalmente desconocido en base a mis pasiones y a mis sentimientos.

EL COFRE

Tengo un cofre en un rincón de mi casa donde colecciono esas canciones que dolieron. Donde encuentro letras con recuerdos. Donde vuelven todos esos sentimientos que aparté.

Ahí guardo la música prohibida, todas las canciones que me enamoraron y luego odié. Porque sólo hacían que rememorar momentos malos y lágrimas perdidas.

Ahora, tú estás cambiando el significado de todas las canciones. Ahora tengo un cofre vacío y ganas de escuchar música, de escucharte.

PUZZLES

El otro día escuché que no hay nada como el primer amor, o el último. Y fuiste lo primero que pensé.

Apareciste otra vez y sé que volverás a hacerlo.

Coño, que aun sigo mirando a tu portal cuando cruzo la calle, que sólo de imaginarme en tus ojos se me entrecorta la respiración.

Que nunca te dije nada, aunque lo sentí todo. Y tú que lo decías todo, en realidad no sentías nada.

Parece que empecé a conocerte hace una eternidad, pero perdí una pieza del puzzle por el camino y ahora no puedo terminarlo. Y el problema es que si no termino, no desapareces.

O no. Quizás el problema es que no perdí una pieza, me perdí yo. En tu mente. En tus palabras. En tus cambios. En ti.

Y pasa el tiempo y todas las otras piezas cambian, mejoran. Me siento mejor. Pero sin ti.

Por eso cuando escuché hablar de amor, pensé en ti, como siempre. Porque aun siendo el mayor capullo de la tierra, nunca podré evitarlo. Caería en tu locura y compartiría todas mis piezas, aunque las rompieras.

INACABADO

Derrochamos los placeres de la palabra y del deseo.

Creemos exprimir al máximo el momento y, en realidad, lo único que hacemos es gastarlo. Como con el dinero, no pensamos, no nos paramos a sentir.

A lo mejor vivimos en una sociedad que no nos enseñó a amar.

ME DUELE

Me duele el corazón. Literalmente. No la idea, ni el dibujo de un corazón roto en pedazos.

Duele, sufre por ese algo llamado amor.

Y cada acorde de guitarra de nuestra canción me pellizca el corazón, a las arterias. A mi propia respiración.

Y me ahogo como quien se encuentra bajo el agua atrapado sin aire, pero sin ti.